Las empresas buscan capacitaciones creativas

Técnicas de Creatividad Aplicada, juegos de diseño, experiencias con artistas, bloques encastrables, robots, esgrima… dinámicas que sorprenden a los equipos de trabajo y los ayudan a hacer ‘click’ a la hora de mejorar la performance.


‘Inauguramos planta y queremos aprovechar la mudanza para transmitir nuevas pautas de trabajo. Queremos algo divertido, que sorprenda… y a la vez deje un mensaje’


‘Necesitamos mejorar la performance de nuestros vendedores. Pero los clásicos cursos de ventas no les aportan mucho…’


‘Arranca el año y necesitamos un equipo sólido y motivado…’


‘Entró un nuevo gerente, encontró un área 'achanchada', y quiere generar un cambio…’


‘El personal de contacto tiene que lidiar todos los días con clientes difíciles. Ya hicimos cursos de Calidad de Servicio, pero no alcanza…’


Un recorrido por diferentes empresas muestra una tendencia que arraiga cada vez más fuerte: la búsqueda de opciones creativas para generar aprendizaje y cambio.


Las metodologías clásicas ya no funcionan. Cambió la época, cambiaron las generaciones. La Sociedad del Conocimiento vaticinada por Peter Druker en los 70’s es hoy una realidad: el conocimiento necesario está en ‘la nube’, en Internet, adonde todos acceden. Nadie sabe más que todos juntos. La ostentación de saber aburre. El aprendizaje en la empresa se genera en forma colectiva, sinérgica y creativamente.


Los ‘consultores expertos’ comienzan a darse cuenta que su rol ha cambiado: ahora se necesitan facilitadores dinámicos, que sorprendan, que guíen, que tengan la habilidad para manejar dinámicas grupales, escuchar, inspirar y disparar ideas productivas.


Quienes no entiendan este cambio de paradigma tal vez piensen que se trata de una simplificación del aprendizaje. Por el contrario, se trata de una ampliación, que contempla los distintos modos en que las personas aprendemos: con el cerebro, pero también con los sentidos, con la emocionalidad, con las manos. Según la teoría construccionista del aprendizaje propuesta por Seymour Papert (quien, a su vez, amplió la de Piaget), el material concreto permite desarrollar procesos cognitivos que no se producen con el aprendizaje abstracto. Esta visión revierte la suposición de que jugar y manipular objetos es cosa de niños.


En palabras de Stephen Nachmanovitch, autor del excelente ‘Free Play (La improvisación en la vida y en el arte)’: ‘el niño que fuimos y que somos aprende experimentando insistentemente’. El aprendizaje racional es solo una parte del asunto.


Parece que el hemisferio izquierdo de nuestro cerebro (lógico-racional) está dando cada vez más lugar al derecho (intuitivo-creativo). No se trata de tirar por la borda lo anterior: el pensamiento racional es necesario, pero no lo único que genera conocimiento. Se trata de integrar el potencial dormido de nuestro cerebro.


Por suerte, contamos con recursos para que el aprendizaje, el cambio y la generación de ideas productivas se produzcan de modo deseado. Hay momentos en que hay que pensar racionalmente, evaluar, planificar, diseñar... Y hay momentos en que es mejor NO pensar. Digamos: pensar lateralmente, hacer brainstorming, meditar, jugar y reír como cuando éramos chicos, para desarrollar nuestro costado creativo y encontrar soluciones a problemas, donde racionalmente no llegamos.


Tenemos un potencial creativo enorme que está esperando a que lo despertemos para mejorar nuestros negocios, nuestras carreras profesionales y nuestras vidas.


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