Permiso para jugar

Se supone que nosotros, los adultos, debemos ser serios. Tenemos que ser racionales: así nos han educado. Hay que estar a la altura de las responsabilidades, esforzarse por desarrollar una carrera, una familia, una vida…


Okey, todo bien. El problema es cuando sentimos que nos falta algo, que hemos perdido la capacidad de asombro, que el sentido de nuestras vidas no está claro o que, simplemente, estamos cansados de hacer siempre lo mismo.


Lo que nos está faltando, es la mitad de nuestro cerebro.


En realidad está allí, pero lo dejamos de usar hace tiempo. El hemisferio derecho: el intuitivo, emocional y creativo, parece dormir una siesta eterna. La última vez que lo usamos habrá sido en el jardín de infantes, cuando jugar estaba permitido. Ahora, ser creativo parece terreno exclusivo de artistas y ‘generaciones Y’. ¡Ellos sí pueden pasarla bien! Y nosotros, los serios, sólo estamos en el mundo para resolver problemas.


Lo que no nos damos cuenta, es que para resolver problemas hay que ser creativo.


Generar una idea de negocios, componer una canción, encontrar la solución a un conflicto, organizar una agenda complicada, llevar adelante un proyecto, construir una vida… todo implica imaginarse una diversidad de alternativas para, finalmente, elegir la más apropiada.


Para que la lamparita se nos encienda, hay que permitirse abandonar las vías de pensamiento conocidas. Albert Einstein decía: ‘si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo’.




Te voy a contar una anécdota: ¿Sabías que Einstein, además de ser un genio científico, era un violinista talentoso? ¿Y que, además, tenía un gran sentido del humor?


Cuenta una leyenda (no comprobada científicamente) que un periodista le preguntó a Einstein: “¿Me puede explicar la Ley de la Relatividad?" y Einstein le retrucó: "¿Me puede ud. explicar cómo se fríe un huevo?". El periodista lo miró extrañado y le contestó: "Pues… sí, sí que puedo", a lo cual Einstein replicó: "Bueno, entonces hágalo, pero imaginando que yo no sé lo que es un huevo, ni una sartén, ni el aceite, ni el fuego".


O sea: el paradigma del genio, un hombre con uno de los coeficientes intelectuales más altos de la historia era, al mismo tiempo, una persona creativa que se permitía jugar. ¿Será eso la genialidad?


¿Alguna vez se te apareció una idea brillante o la respuesta a un problema difícil mientras dormías, o justo al despertarte? ¿Te pasó estar en la ducha, viajando, viendo un paisaje o jugando con tus hijos, y que aparezca allí la inspiración como por arte de magia? Allí no estabas pensando, tus ideas fluían libres como un magma en el laberinto de las sinapsis neuronales. Por el contrario, cuanto más pensabas y analizabas y te esforzabas por entender el problema, más trabado estabas. ¿Nunca te pasó?


La creatividad no es un don, es talento que se desarrolla. Sólo hay que permitirse pensar distinto. O más aún… permitirse no pensar. Meditar, reír, jugar como cuando éramos chicos, practicar el pensamiento lateral, desarrollar el sentido del humor, contemplar una puesta de sol, dibujar, hacer un brains

torming, escribir lo primero que nos viene a la cabeza… es ahí donde surgen las ideas.

‘En los momentos de crisis, solo la imaginación es más importante que el conocimiento’

‘El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados’

Estas sí son frases de Einstein comprobadas científicamente.

Entradas Recientes
Archivo