El arte del liderazgo | Lecciones preciosas de las escuelas Zen

En ocasión de tener que armar el módulo final de un programa de Liderazgo Virtual para un grupo de gerentes de una compañía, encontré que el texto que me había sugerido un colega a quien admiro mucho, no me convencía.

‘El trabajo del directivo’ de Henry Mintzberg era un clásico incuestionable, y mi colega otro tanto. Pero me parecía que los contenidos del texto no reflejaban la realidad de los gerentes hoy.

Buscando algo más ‘actual’ me topé en mi biblioteca con un libro de escritos chinos de los siglos X al XII[1] y, con curiosidad, volví a repasar sus páginas. Lo que encontré me resultó de una vigencia y de una sabiduría tal, que no pude parar de leerlo hasta el final. Me encontré, igual que los primeros científicos luego del oscurantismo del medioevo redescubriendo a Aristóteles: leyendo a los antiguos para reinterpretar el presente.

El libro me lo había regalado mi viejo. Me pareció una buena señal.

Lecciones Zen

Las “lecciones zen” que tienen ante sus ojos fueron extraídas de una recopilación hecha por dos maestros chinos del siglo XII, y representan una síntesis de la sabiduría zen transmitida por vía oral durante siglos. He seleccionado algunas que creo están muy en sintonía con preguntas clave del liderazgo hoy.

Todas las citas comienzan con una presentación del tipo ‘Fushan Yuan dijo…’ o ‘Wuzu dijo a Fojian…’. He optado por no transcribirlas ya que a muchos esos nombres nos dicen poco. Además, considero que lo que importa es la ‘verdad’ que encierran ciertas frases y no tanto quién la dijo (a esta conclusión llegué después de googlear frases famosas, y que aparezcan indistintamente Mozart, Picasso y Einstein en todas ellas…)

Debajo de cada lección agrego comentarios personales, que espero les sirvan para dialogar con el texto, hacer una lectura crítica, y elaborar sus propias reflexiones.

El liderazgo y la comunidad

“El dirigente que se halle en una posición de supervisar a los demás, debe ser humilde y respetuoso al tratar a los subordinados. Los funcionarios deben trabajar al ciento por ciento por quienes los dirigen. Cuando los de arriba y los de abajo se hallan en armonía, el sendero del liderazgo los atraviesa.

Si el dirigente es orgulloso y altanero, los subordinados son perezosos y descuidados, las mentes de los de arriba y de los de abajo no comunican. Entonces se bloquea el camino del liderazgo.”

Los dos aspectos clave para formar a un líder hoy son las competencias y los valores. Entre estos últimos, la humildad y el respeto, suelen estar entre las primeras del ranking de valoración y efectividad. Si eres humilde y respetuoso, la gente te valora y te respeta.


Respecto de las competencias (conocimientos, actitudes, habilidades…), el orgullo y la altanería son actitudes top del ranking, pero en sentido negativo. Un líder egocéntrico, narcisista e individualista va a generar un equipo poco comprometido con las metas y lleno de conflictos internos.


Por otro lado, la cultura zen entiende a la mente como algo más que el cerebro. La mente es, en este sentido, una inteligencia global, en red, de la especie humana en su conjunto y, hasta si se quiere, cósmica.


Por eso, cuando los maestros zen dicen que, entre un líder y su gente, ‘si hay armonía, el sendero del liderazgo los atraviesa’ o que si el líder tiene una mala actitud, ‘las mentes de los de arriba y los de abajo no comunican’, lo que están diciendo es que el liderazgo es una cuestión de empatía, de sintonía, de armonía, de entender que funcionamos en red.


Al respecto, me gusta una frase que refleja muy bien el espíritu de esta época de redes e inteligencia colectiva: ‘nadie es mejor que todos juntos’.


Retretes exteriores pintados de rojo


“El caso de los que, aunque no hayan llegado al Camino, exhiben su aprendizaje y se vanaglorian de su comprensión intelectual, utilizando la elocuencia y la agudeza de la lengua para obtener victorias, es como los retretes exteriores pintados de rojo: esto sólo aumenta su olor.”



Me gusta especialmente el humor con que se presenta esta enseñanza. Me divierte pensar a estos chinos hace mil años bromeando con palabras que usaríamos hoy.


El Camino, o Camino del medio, es en el budismo la búsqueda de la iluminación, a la cual se llega sin caer en los extremos de la ambición ni de la renuncia. Cultivar coherencia y virtud en las prácticas diarias es un camino diario para ser cada vez más sabios.


Lo que nos dice este pasaje, es que si bien la Comunicación Efectiva es una de las competencias clave para el liderazgo, no hay que sobrevalorar la elocuencia por sobre el contenido de lo que se está transmitiendo.


Un líder puede ser carismático y fluido, pero tener como guía personal su mero interés económico o su ego: eso generará hipocresía y respuestas mediocres.


Por el contrario, un líder tosco y poco comunicativo pero cuya causa es ‘justa’ (digamos, más que su ganancia personal, el bien de todos), con el tiempo tocará más el corazón de su gente.

No olvidemos que el silencio y los actos comunican más que las palabras: un líder coherente en sus actos es, en definitiva, más eficaz.


Una gran luz


“Los antiguos estaban contentos cuando oían algo sobre sus propios errores, se dedicaban a hacer el bien, eran grandes en magnanimidad, generosos en ocultar los errores de los demás, humildes en el trato con los compañeros y diligentes en ayudar y salvar gente. No manchaban sus mentes, y por eso su luz era grande y brillaba en el presente y en el pasado.”



A nuestra sociedad le fascina el éxito y le incomoda el fracaso. Reconocer los errores es para muchos algo así como desnudarse en público. Pareciera que tenemos que demostrar siempre solidez y, en este sentido, solemos caer en el estereotipo del exitoso o del sabelotodo, que no convencen.


Un líder que mantiene la humildad y reconoce sus errores es más creíble, más humano, genera más empatía.


Son frecuentes las situaciones donde un gerente maltrata a un colaborador frente a sus compañeros, a raíz de un error o una tarea mal hecha. El gerente puede sentirse muy poderoso con este tipo de actitudes. Pero lejos de servir para mejorar, sólo genera malestar, desmotivación y resentimiento. Los resultados que obtenga de su equipo serán mediocres.


El filósofo contemporáneo Charles Pepín sostiene que ‘todo éxito es un fracaso rectificado’.


Errar es humano, y tomar el error como oportunidad de aprendizaje permite generar resultados sostenibles.


Puntos esenciales del liderazgo


Cómo líder, es esencial ser generoso con la comunidad y frugal con uno mismo. Por lo demás, no te preocupes por los asuntos insignificantes.


Cuando distribuyas tareas a los demás, pruébalos profundamente para ver si son sinceros. Cuando escojas tus palabras, toma las más serias. Los líderes son respetados de forma natural cuando sus palabras se toman en serio; la comunidad se impresiona de forma natural cuando las personas son escogidas por su sinceridad.


Cuando eres honorable, la comunidad te obedece aunque no seas severo, cuando la comunidad está impresionada, las cosas se hacen aunque no se den órdenes.”



La gente trabaja mejor bajo pasión que bajo presión.


El modelo de Liderazgo Situacional[2] propone invertir la pirámide del liderazgo, colocando al líder en su base en vez de en su cúspide, a fin de que esté sea un servidor de su gente y no una estrella a quien todos deben seguir.


Peter Druker decía que ‘El liderazgo no es privilegios, rango, títulos ni dinero: es responsabilidad’. El liderazgo no es otra cosa que una función que uno cumple en un grupo o sociedad: la de velar porque las cosas se hagan y, así, se obtengan los resultados deseados.


Dejar atrás el propio ego y convertirse en un servidor de la causa u objetivo común, trabajando en conjunto y ayudando a los demás a lograrlo, es lo que hace respetable a un líder. Así, ‘las cosas se hacen aunque no se den órdenes’.


Comunicación entre corazones


“Para el liderazgo es esencial ganarse a la comunidad.


Ganarse a la comunidad es ver el interior de los corazones de las personas. Un antiguo buda dijo: ‘los corazones humanos son campos de bendiciones para el mundo, puesto que es de allí de donde procede el sendero de la razón.’


¿Cómo podría ser fácil el asunto de ganar o perder corazones? Los sabios de la Antigüedad comparaban el ser humano con una barca, siendo el corazón el agua: el agua puede llevar a la barca y también puede volcarla. Cuando el agua transcurre con ella, la barca flota, y cuando el agua va contra ella, la barca se hunde.


Por ello, cuando un líder gana los corazones de su gente, se produce un florecimiento, y un líder que pierde los corazones de su gente queda abandonado. Ganarlos totalmente significa un florecimiento total, perderlos completamente significa un rechazo total.”



Es interesante comprobar como hace un milenio en China ya había consciencia de lo que hoy conocemos como Inteligencia Emocional. El principal referente de este ‘nuevo’ desarrollo, el psicólogo Daniel Goleman, le dedicó un libro al Dalai Lama luego de realizar con él un retiro en el Tibet junto a su equipo de científicos. Al terminar este encuentro de varios días, donde practicaron meditación y realizaron preguntas al maestro, Goleman declaró que ‘en occidente estamos en pañales respecto a este conocimiento, que los orientales llevan siglos desarrollando’.


La neurociencia actual está comprobando que la práctica sostenida de la meditación produce un mejor desarrollo del cerebro, junto con mayor salud corporal y equilibrio emocional. Occidente siempre vio con extrañeza estas prácticas, y nunca desarrolló del todo los aspectos emocionales, por sobrevalorar la razón por sobre el resto de las competencias humanas.


Por eso, un buen líder llega a las personas sólo si trabaja su costado emocional. Si logra tener dominio en este terreno, podrá ser empático e influir en las emociones de los demás. Si no lo hace, será dominado por sus propias emociones, salpicando a las personas de su equipo y sin ningún tipo de control sobre este aspecto.


Es curioso en este sentido analizar las diferencias entre oriente y occidente, entre términos que suenan similar: ´iluminación’ e ‘iluminismo’. Mientras el primero surge de oriente y propone llegar a cierta verdad a través del no pensar, el segundo término propuesto por occidente sostiene todo lo contrario. Por eso, tal vez nos resulte extraño leer que la razón procede del corazón.


Pero si nos detenemos un segundo a reflexionar sobre ello, nos daremos cuenta que detrás de todo pensamiento o juicio hay una emoción que lo sostiene. Por eso, conectar con nuestro lado emocional y el de los demás, es lo que posibilita lograr sinergia y obtener resultados extraordinarios.


Pérdidas y ganancias


“El infortunio puede producir ventura, la ventura puede producir infortunio. Esto ocurre porque cuando uno se halla en situaciones de desastre y peligro, se es más profundo al considerar la seguridad, y cuando se está profundamente inmerso en buscar el orden, uno es capaz de seriedad y discreción; de él nace la ventura, y todo concuerda.


Si la ventura produce infortunio, es porque cuando las personas viven tranquilamente dan rienda suelta a su codicia y pereza, y generalmente son despectivas y arrogantes; de ahí nace el infortunio.


Un sabio dijo: ‘Tener muchas dificultades perfecciona la voluntad; no tener dificultades arruina el ser.’


Las ganancias están al filo de las pérdidas, las pérdidas son el corazón de las ganancias. Por ello, la buena suerte no puede visitarnos una y otra vez, uno no puede esperar siempre el beneficio. Cuando estás en una situación afortunada y consideras la posibilidad de infortunio, entonces puede preservarse la felicidad; cuando ves las ganancias y consideras las pérdidas, seguramente llegarán los beneficios.


Por ello, una persona superior es aquella que cuando estén una situación segura no olvida el peligro, y que en tiempos de orden no olvida el desorden.”



La comprensión de la naturaleza cíclica de los fenómenos de la vida es tal vez nuestro primer gran aprendizaje como especie. Los primeros humanos se dieron cuenta de que había ciclos que se repetían con los cambios en el cielo, y aunque los atribuyeron a los dioses, desarrollaron las bases para los actuales conocimientos científicos.


Los humanos tenemos, además de vista, olfato, gusto, tacto y oído (sentidos que compartimos con otras especies) un Sentido Temporal. Este sentido no cuenta con un órgano específico, pero es lo que nos permite entender secuencias en hechos del pasado, así como planificar el futuro.

El problema es que el tiempo de vida de un individuo es demasiado corto como para visualizar claramente ciertos ciclos.


El esquema del Ying y el Yang puede ayudarnos a ver la íntima relación entre opuestos, su complementariedad y juego de equilibrios, así como la relación entre ciclos que se producen en el tiempo.



Es interesante entonces que nos propongamos desarrollar una mirada transtemporal, que nos recuerde permanentemente que la vida es dinámica.


Aceptar fracasos y éxitos como fenómenos relativos que se suceden unos a otros, celebrar los logros ‘sin dormirse en los laureles’ y aceptar los errores como oportunidades de aprendizaje, son claves para lograr un crecimiento sostenido.


Dos vientos


“Con frecuencia se ve en los tiempos actuales que quienes actúan como responsables mayores no son claros en su conocimiento cuando se hallan bajo los efectos de dos clases de situaciones. Cuando son afectados por dos vientos opuestos, pierden la sustancia de la enseñanza. Una situación consiste en circunstancias adversas; en ellas, la mayoría de las personas se ven afectadas por el viento de la decadencia. La segunda situación consiste en circunstancias favorables; en ellas, la mayoría de las personas se ven afectadas por el viento del beneficio.


Una vez que has sido afectado por estos dos vientos, los hálitos de alegría y de la cólera se mezclan en tu corazón y en tu rostro se muestras los signos de la depresión y de la melancolía. Esto atrae desgracia sobre la enseñanza y envilece a los sabios.


Sólo los sabios pueden convertir las circunstancias en métodos de enseñanza, guiando armoniosamente a las generaciones posteriores. Por ejemplo, cuando el Maestro Langya fue a Suzhou, sucedió que recibió donaciones por valor de más de mil monedas contantes y sonantes. Envió a algunas personas para que las contasen en secreto, hizo enviar anónimamente dinero a los monjes de los monasterios de la ciudad, y ese mismo día dio una fiesta a la comunidad.

Langya, por su parte, hizo mientras tanto sus preparativos y se fue al amanecer del día siguiente. Al alba, la comunidad se dio cuenta de que se había ido. Algunos le siguieron y consiguieron alcanzarlo y verlo, regresando después de haber obtenido los beneficios de la enseñanza.


Ver a Langya hacía que las personas desarrollasen su fe y plantasen con más

profundidad las semillas del Camino. A esto es a lo que llama convertir las circunstancias en un método de enseñanza. Esto es totalmente diferente de aquellos que aprovechan el rango para su provecho personal.”



En la misma línea que la enseñanza anterior, esta nos muestra un ejemplo de cómo actúa un líder que sabe ver la complementariedad entre el éxito y el fracaso.


El texto relata que, a pesar de haber obtenido un gran logro, el maestro Langya se mantiene humilde, es generoso con los demás y austero consigo mismo. Esta conducta de cuenta de su sabiduría respecto de los ciclos, y genera aún más veneración. Sus meros actos enseñan sin necesidad de palabras. El sólo mirarlo transmite fe y sabiduría.


¿Conocen alguna persona así, que transmita saber y virtud sólo con su mirada?


Les propongo un juego: vuelvan a leer este pasaje reemplazando ´responsables mayores´ por ‘líderes’. Donde lean ‘Maestro Langya’ pongan su propio nombre. Reflexionen acerca de cómo están practicando su liderazgo: ¿Lideramos para nosotros mismos o para nuestra gente?, ¿Ser líder es para nosotros un trofeo o una responsabilidad…?


Autoexamen


“El estudio del Camino por parte de Lingyuan y la aplicación de sus principios eran puros, sinceros y ricos en virtud. Tenía el aspecto de los antiguos sabios. Era pacífico y serio y hablaba poco. Era muy respetado y honrado por eruditos y nobles. Una vez dijo:


‘El sabio es cuidadoso con aquello que la gente toma a la ligera y descuida. Es imposible ser líder de una comunidad y colaborar en el proceso de iluminación, a menos que la propia acción y comprensión estén en armonía recíproca.


Lo esencial es la autocrítica y el autoexamen repetidos, sin dejar que los pensamientos de fama y beneficio broten en la mente.


Si entre las directrices de las enseñanzas hay alguna en la que no cree, alguna que los estudiantes no obedecen, hay que retirarse para considerar y cultivar la virtud, esperando que llegue una solución.


Nunca he visto a alguien que sea virtuoso y cuya comunidad no estuviese en orden. Efectivamente es esto reside el sentido del dicho: ‘Mirar el semblante de una persona virtuosa clarifica el espíritu de la gente’.”



Se dice que en el rostro de una persona madura se puede ver, sin necesidad de palabras, quién es realmente esa persona. Las marcas de las tensiones, pliegues y movimientos que cada rostro genera en su vida, en el ceño, en la mirada, en los detalles y marcas dejados por sus movimientos repetidos en el tiempo, se ve quien esa persona ha llegado a ser realmente.


Por eso, en vez de adoptar un semblante agradable, mejor es preocuparnos por ser verdaderamente mejores líderes y personas.


Vamos forjándonos a nosotros mismos a través de nuestros actos. Es nuestra capacidad de reflexión y autocrítica la que nos permite identificar puntos de mejora y superarlos. Esto es, en definitiva, la mejora continua.


Tomando tal vez el desafío más importante del presente texto, la siguiente frase nos muestra una paradoja muy vigente:


‘Es imposible ser líder de una comunidad y colaborar en el proceso de iluminación…’.


Apuesto a que muchos de ustedes han pensado en la dificultad de aplicar estas enseñanzas zen en una empresa del siglo XXI. No se puede ser el Dalai Lama si te exigen vender a cualquier costo, podríamos decir…


‘…a menos que la propia acción y comprensión estén en armonía recíproca.’

…a menos que nuestros actos reflejen una causa en la que verdaderamente creemos: brindar lo mejor de nosotros mismos, ayudar a nuestra gente, crecer como personas, llevar el sustento a nuestras familias, desarrollar nuestra comunidad, etc. Encontrar una causa común que oriente todos nuestros actos es una de las funciones más importantes del líder: la de dar sentido.


La vida cotidiana presenta obstáculos y contradicciones permanentes, hoy y hace mil años. Es la reflexión y la autocrítica permanente la que permite lograr coherencia entre el decir y el hacer. Los invitamos entonces a practicar el aprendizaje permanente, y a encontrarnos dentro de unos años, un poco más sabios... y con un muy buen semblante!

[1] Cleary, Thomas: “El arte del liderazgo: Lecciones Zen sobre el arte de dirigir”, EDAF, 1995.

[2] Nos referimos al modelo desarrollado por Ken Blanchard.

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